Mi matadero clandestino

“El hombre feliz es aquel que siendo rey o campesino, encuentra paz en su hogar”. (GOETHE)

Mi casa. El refugio en el que me escondo.

Cuando salgo a la calle noto el corazón acelerado, estoy alerta, camino deprisa hasta que llego a destino. Me noto tensa…

Cuando vuelvo a casa siento lo mismo. Es curioso porque llevo las llaves en la mano, 20 metros antes de llegar al portal. (No sé muy bien la distancia que equivale a 20 metros, no soy buena calculando, y no tiene remedio).

Voy como Dorothy, caminando con sus zapatos de rubís, escapando de la Bruja de tornados, de problemas. Chasqueo esos zapatos y pienso “No hay nada como el hogar”.

Entro en casa. ¡Estoy a salvo!. Siento una calidez que no encuentro en otro lugar. Estoy protegida. Saludo al perro marica. Dejo mis cosas y me pongo cómoda. Me dejo caer, a veces en el sofá, y otras, como hoy, en el sillón-huevo-mecedora, desde donde escribo ataviada con mi batamanta y con los pies encima de la mesa. (Y algún día le diré a mi chico que baje los pies de la mesa, somos así queridas).

Desde aquí controlo la nave. Necesito controlar. No organizar, controlar.

Soy “casera”. No necesito salir todos los fines de semana, ni quedar todos los días para tomar un vino o ir a un evento, de hecho, me da pereza. También es verdad que luego me vengo arriba, intento disfrutar de todos los momentos. Soy intensa.

Disfruto dándome un largo baño con música de fondo, viendo una película o una serie, leyendo blogs o mis obras literarias de mitología griega. Me encanta sentarme y pensar, analizar. No me apetece hablar. No lo echo de menos.

Me gusta comer cuando tengo hambre y dormir cuando tengo sueño. No tengo reglas. Valetudo. En casa me siento bien, tengo todo lo que necesito. Aunque cualquier espacio que sea sólo para mí es mi hogar. En mi coche también tengo esa sensación…

Existe la vida interior. Intento tener tiempo para ello. Otros lo sacan para ir al gimnasio. Las dos cosas son lícitas. Yo necesito entrenar mi alma.

No vivo en un ático acristalado. No tengo tele de pago. No hay consolas ni videojuegos. Ni siquiera tengo un plasma. No tengo cuadros. Mi habitación no está decorada. No quiero. No hay ascensor. (Bueno, tengo jacuzzi). Mi hogar no es Oz, es Kansas.

Un post simple, “hogareño”. De andar por casa. Hoy no hay que brillar.

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Acerca de hastaelkiwi

Aprendiz de todo, maestra de nada... Este será el púlpito desde el que predicaré, pero nunca con el ejemplo.
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4 respuestas a Mi matadero clandestino

  1. Peter dijo:

    Lo mejor que has escrito. Sin duda alguna. Felicidades.

  2. Lia dijo:

    Me gusta la manera en la que reflejas algo tan cotidiano. A veces una tiene ganas de descansar y dedicarse a observar.

    Saludos, Lia.

  3. Gitana dijo:

    Corroboro todo lo dicho. Este día parece que estabas muy serena, será que la batamanta infunde tranquilidad.

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